lunes, 20 de octubre de 2014

CASOS REALES: Soy una niña furiosa

(Fragmento breve de un diario terapéutico)

Por R. A.

Soy una niña furiosa que pide amor mediante el cabreo. Y no es extraño porque de pequeña sólo me hacían caso si me enfadaba: como en la playa cuando no quería salir del agua, o cuando no quería dejar la bici, no quería ir a la escuela, le pegaba a mi hermana, no me daba la gana comer o tiraba las sillas al suelo. En mi familia sólo hay dos alternativas: indiferencia o cabreo. Y yo no puedo acostumbrarme a la indiferencia. Tengo mucha hambre y casi con seguridad por eso siempre he comido demasiado. Pasteles en lugar de amor. Y sigo haciéndolo, sigo enfadándome, sigo comiendo. Me cabreo con lo que amo. Me cabreo con lo que no amo. Me cabreo con el universo entero. Para existir, para ser, para que me vean.

No confio en nadie. Creo que puedo hacerlo todo sola y al mismo tiempo me quejo de que no me quieren, de que no me ayudan. ¿Cómo van a ayudarme si me empeño en hacerles sentir que no los necesito? No soy mala, pero las personas me molestan. Sería un farero ideal o un guardabosques perfecto. Los demás siempre me han agobiado o decepcionado. Para mí es mentira que la compañía sea un placer y a medida que descubro que nadie puede salvarme (antes creía que un hombre, un novio-padre, me arreglaría la vida), que cada uno tiene bastante con lo que tiene, mis pocos deseos de estar con otras personas son más desesperanzados: "bueno, estemos juntos porque no hay otra cosa mejor que hacer". Aunque por otra parte y a medida que me conozco mejor, ya no huyo, ya no siento que los demás pueden meterse en mi alma, en mi cabeza y poseerme o suplantarme...

También estoy adelgazando. Mi disfraz de oso se deshace. Antes creía que tenía que disimular mis sentimientos, ahora ya no y supongo que no soy una persona cómoda. Pero es mejor así, uno o es peluche o es monstruo. Los peluches monstruosos cortan los circuitos a cualquiera. Ahora, al menos, si alquien se acerca, sabrá quién tiene enfrente: una niña furiosa capaz de liarla en cualquier momento.

También soy impaciente, muy impaciente. Me he pasado en la inopia 30 años, en un limbo cabreado, hipócrita y estúpido. Y como mucho me quedan 20 años más de vida porque estoy segura que voy a morir joven... Y siendo completamente sincera (sería estúpido que no lo fuera, ¡esto sólo es un puto diario!) no me importa. Nunca he entendido porqué a la gente le gusta tanto vivir, la vida no es un buen lugar para los que NO hemos sido queridos NUNCA.

R. A.

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