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viernes, 19 de septiembre de 2014

Amor y amistad

Oímos demasiado a menudo que el amor y la amistad son cosas distintas, incompatibles. Como si se tratara de una mezcla imposible, del agua y el aceite.  A veces se admite que tal vez la amistad podría llegar a convertirse en amor, pero ¿el amor en amistad...? ¡Nunca! Yo creo, sin embargo, que estas afirmaciones son sólo prejuicios que obedecen a la tremenda confusión social que todos tenemos, o hemos tenido en algún momento, sobre el amor, la amistad y esa otra cosa tan idealizada que llamamos amor romántico o enamoramiento. Porque, en definitiva, ¿qué entendemos por amor?

En mi opinión, el amor es una experiencia personal que consiste en sentirnos vinculados, confiados y compartiendo  un conjunto de rasgos y necesidades de nuestro ser con otra/s personas, de modo que ambos podemos ayudarnos, cuidarnos y crecer juntos. Esto significa, por tanto, que la amistad es una forma de amor. Y una buena relación de pareja también es una forma de amor. Y una buena relación familiar también es amor. Etc. Hay, por tanto, distintas parcelas de nuestra vida en la que podemos amar (amistad, pareja, familia...), pero el amor siempre es el mismo, expresado de distintas maneras. Por eso no tiene ningún sentido hacer una distinción tan radical entre amor y amistad. ¿Cuántas veces habremos oído frases como "sólo lo veo como amigo", "sí, me llevo muy bien con ella, pero no puedo imaginarla como mi pareja", "mi novio es mi novio y mi amigo es mi amigo, ¡no tienen nada que ver!", "para tener una pareja tiene que surgir la química y eso con un amigo ¡es imposible!" o "este tipo de cosas se las cuento a mis amigos, ¡no a mi pareja!"...

Otra cosa es que tomemos por "amor" lo que sólo es enamoramiento. El problema es que éste no tiene nada que ver con el amor, ni con la amistad, ni con esa ayuda, cuidado y crecimiento interpersonal que mencionábamos en el párrafo anterior. Es como comparar manzanas y sombreros. El enamoramiento no es más que un cúmulo inestable de proyecciones, idealizaciones y otros factores más o menos neuróticos. Por eso siempre es ¡afortunadamente! transitorio. En este sentido, sí es verdad que el enamoramiento no puede convertirse en amistad... ¡pero tampoco en ninguna otra cosa! El único destino del enamoramiento es desaparecer.

Podemos ver, entonces, que una relación de pareja que funciona, que es realmente amorosa en el sentido que hemos dicho antes, será también, inevitablemente, amistosa. Y si es amistosa será  profunda y duradera. Y, al revés, es muy probable, si no fuera por los prejuicios que hemos mencionado, que una buena amistad, cargada de amor, pueda hacerse cada vez más íntima hasta convertirse poco a poco en una relación de pareja... El amor de pareja y la amistad no solamente no son incompatibles, sino que ambos son perfectamente integrables, mutuamente fusionables. Y esto es así porque ambos expresan nuestra misma capacidad de vincularnos, compartir, ayudarnos y crecer mutuamente.

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