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lunes, 3 de marzo de 2014

Enfermos de esperanza

El ser humano, además de cuidados básicos como la alimentación y la higiene, necesita obviamente algo indispensable para su supervivencia: amor.  Pero el amor no abunda, y ésta es la razón por la que todas las personas somos, en mayor o menor medida, neuróticas. Como crecemos sin el afecto suficiente, nos esforzamos durante toda la vida -a veces desesperadamente- por conseguirlo. Primero, la aprobación de nuestros padres. Después, la de nuestra pareja, amigos, jefes, sociedad en general... Mucho de lo que pensamos y hacemos en nuestras vidas está destinado, en efecto, a llamar la atención y lograr esa aprobación: por ello somos sumisos, somos complacientes, imitamos y competimos para no ser menos, queremos exhibirnos y destacar, queremos triunfar siempre... Somos como niños queriendo siempre atraer (o conservar) el cariño de nuestros padres.

Pero este esfuerzo, necesario hasta cierto punto, puede convertirse en una trampa. Porque a menudo, para conseguir supuestamente la aprobación que necesitamos, debemos idealizar ("quitar importancia") a los defectos de los demás, reprimir nuestros verdaderos sentimientos (dolor, miedo, rabia, tristeza), hacer cosas que realmente no nacen de nuestro corazón, etc., todo ello con la esperanza consciente o inconsciente de que se "produzca el milagro". Pero el milagro no suele producirse, ni en la edad infantil, ni en la adulta. Porque cuando alguien no nos quiere o, desde su neurosis, no puede querernos, nada en el mundo podrá cambiar ese hecho.

Es muy importante darnos cuenta de esto, si no queremos quedar atrapados, a veces durante décadas, en relaciones muy frustrantes y dolorosas. O en estilos de vida que no nos conducen a ninguna parte. Por ejemplo, no será suficiente con expresar nuestra pena y nuestra rabia porque tenemos muy claro que nuestros padres o nuestra pareja no nos quieren, etc. Necesitamos además descubrir que somos nosotros mismos quienes estamos aferrados, como niños desesperados, a la esperanza imposible de que, si "lloramos y pataleamos lo suficiente, quizá llegemos a conseguir que nos quieran"...  ¡Seguimos enfermos de esperanza! Y esto es lo que realmente hay que solucionar.

Sólo cuando a través de una psicoterapia o por puro agotamiento las personas llegamos a descubrir nuestra orfandad desesperada, y caemos por ello en un pozo oscuro de soledad, abandono, tristeza, rabia, terror..., sólo entonces, paradójicamente, comenzamos a ver la luz al final del túnel. ¡Comienza nuestra curación!  Porque habiendo perdido toda esperanza de ser amados, logramos por fin desapegarnos de quienes nunca nos amarán. Y, así, ya no necesitaremos seguir negándonos a nosotros mismos, ni fingir, ni sufrir, ni complacer, ni aguantar, ni depender inútilmente de nadie.... ¡Nos sentiremos libres por fin!

Y éste será el comienzo de nuestra maduración.

2 comentarios :

  1. Excelente! Muchas gracias Olga, saludos

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  2. Hola, hace mucho tiempo no pasaba por aquí, resulta que me llamaron la reflexión dos de los aspectos presentados en lo expuesto.
    El titulo principalmente, *Enfermos de Esperanza* y la sentencia *orfandad desesperada*.
    Siguiendo el orden de ideas y haciendo alusión a ese despertar me invita a una reflexión profunda. He conseguido curiosamente ciertos argumentos, claro válidos para casos específicos como todo. Siendo un principio lógico que todo proceso abierto persigue llegar a un bienestar, sería curioso entender o asimilar la profundidad de las heridas y más allá las herramientas que posea el por llamarlo de alguna manera paciente.
    El temor o el terror más grande para un individuo que decide abrir su caja de Pandora es que una vez destapada sea irrefrenable, digamos que sus miedos y fuerza de voluntad no sean suficientes, sus recursos económicos no le permitan continuar con la "terapia", que se desarrolle una dependencia e inclusive que no se complete o rompa la sintonía o inclusive decrete que el terapeuta no es competente para continuar con su caso, sea real o insostenible la creencia, el peor de los casos sería quizás el abandono de la terapia. En ciertos casos el dejar de usar el "bastón, paracaídas o lentes emocionales", puede producir grandes riesgos de recaidas o inclusive sumirse en depresiones o en actos que puedan ser en perjuicio personal o de terceros.
    Me gusto mucho su artículo, literalmente pondré en remojo lo que expone y ojalá pueda cocinar ideas productivas para mí realidad personal.
    Interesante :
    Enfermos de esperanza
    Orfandad desesperada...

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