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lunes, 8 de enero de 2018

¿El inconsciente? ¿Qué es eso?

Es asombrosa la cantidad de personas que vienen a mi consulta exponiéndome su caso en el mismo "lenguaje" que aprendieron en sus anteriores terapias (casi todas cognitivas o conductuales) y, a pesar de haber recibido algunos útiles consejos y haber mejorado en ciertos aspectos, se muestran cansadas por esos síntomas que no logran superar y cuyos motivos siguen sin comprender. Yo les hablo, ya en la primera sesión, de la necesidad de explorar y resolver las causas, los motivos, los conflictos inconscientes que les producen esos síntomas tan dolorosos e incontrolables... Pero casi siempre su respuesta es la misma: esas personas me miran con los ojos abiertos como platos, sin comprenderme, como si les hablara de brujería. ¿El inconsciente? ¿Qué es eso?, parecen preguntarme. Nunca oyeron hablar de algo así en sus terapias anteriores, sino más bien de todo lo contrario, de que hay cosas que uno debe o no debe "hacer" para "ponerse bien", con total independencia de lo que puedan gritar sus corazones, a veces con verdadera desesperación. Yo me apeno por esas personas y me digo: "Dios mío, ¡si está todo por hacer!".

viernes, 15 de diciembre de 2017

Sí hay culpables

A los que tienen padres que no aceptan ni corrigen sus errores.

Leyendo algunos blogs de crianza y terapias para madres inspiradas en las teorías de Alice Miller y/o Laura Gutman, etc., leo muy a menudo cómo nos aconsejan "revivir la infancia", "dar voz a nuestra niña herida", "concienciar los introyectos recibidos", etc. Pero a continuación también leo que es imprescindible "comprender lo ocurrido", "no buscar culpables", saber que "todo depende de cómo vivamos lo sucedido", etc. Y ante estas indicaciones siempre siento la misma decepción. La sensación de que ambos grupos de consejos se contradicen. Es más, intuyo que el primero sólo es una especie de "trámite" para llegar a lo que realmente importa, el segundo, una especie de "aquí no ha pasado nada", de "comprende lo sucedido, acéptalo sin señalar culpables, no te quejes más y sigue adelante". Una forma disimulada de llegar a lo de siempre: ¡perdona y olvida!". Sin embargo, desgraciadamente en la vida de las personas que sufren sí han pasado muchas cosas. A menudo, muy graves. Por eso, ¡claro que hay culpables! Y la "curación" no es algo tan simple, ni que requiera siempre de un perdón más o menos forzado.

martes, 21 de noviembre de 2017

El problema de los límites

Si observamos con atención, podemos ver que muchos adultos, cuando se despiden de un niño dejándolo en manos de otro cuidador (un familiar, un profesor, un monitor en una excursión, etc.), muy frecuentemente lo hacen con frases tipo: "¡Pórtate bien! ¡Sé bueno! ¡No hagas de las tuyas! ¡Que no me entere yo que...!, y otras advertencias parecidas. No es fácil oír, en cambio, cosas como "¡hasta pronto, que lo pases bien, diviértete, te echaremos de menos!", etc. Esta es una prueba más de que la cultura de la DOMA prevalece sobre la cultura del AMOR. Y al hablar de doma de lo que estamos hablando es, naturalmente, de límites. Del viejo y constante problema de los adultos respecto a la supuesta e imperiosa necesidad de "poner límites" a los niños.

martes, 31 de octubre de 2017

La sinceridad

Toda la gente cruel se describe a sí misma como el parangón de la franqueza.
Tennessee Williams

La sinceridad, la capacidad de decirle al otro la verdad, es hermosa. Pero también es peligrosa, está sobrevalorada y es difícil de gestionar. Porque no siempre es bueno ni conveniente decir la verdad, o toda la verdad. La sinceridad es, a veces, un signo de fuerza interior, pero muchas otras veces es un signo de debilidad. Por eso la sinceridad, algo aparentemente tan simple, es un asunto bastante complejo. Debemos, por tanto, aprender a distinguir la sinceridad que surge de la madurez y del amor, de la falsa sinceridad que nace de la inmadurez, del miedo, la culpa o el egoísmo.

viernes, 13 de octubre de 2017

Sobre la ingenuidad de los hombres

Observo con tristeza, en mi consulta y en la vida en general, hasta qué punto muchos hombres mendigan patéticamente el "amor" de las mujeres. Y lo mendigan hasta resignarse a llevar vidas  indignas, en algunos casos  incluso miserables.